Querida Carla,
tienes, de manera innata, el don del entusiasmo, de contagiar la alegría de vivir, de ver posibilidades allí donde muchas personas perciben limitaciones. Tú, las limitaciones, los retos, las dificultades, las conviertes en semillas que siembras en un jardín en permanente evolución. Estás tejiendo un hábitat donde los sueños y los propósitos germinan en ternura y acción.
Eres transformadora de experiencias ajenas. Y con la determinación y delicadeza del tránsito de las mariposas, las conviertes en un territorio habitable para todas aquellas personas que deseen traspasar la frontera de sus prejuicios. Lo haces de una manera sencilla, sin artificios. Desde una proximidad radical que disuelve arbitrariedades, las mismas que nos dejan varados en orillas inhóspitas plagadas de miedos atávicos y creencias anquilosantes.
Hemos hablado mucho durante la elaboración de tu TFG. Tanto de contenidos, de metodología, de recursos necesarios para alcanzar la meta que te habías propuesto, como de ti. De ti, como profesional de la educación social y de ti, y contigo, de tus diferentes dimensiones. De tu mirada hacia los (in)visibles y el arte del acompañamiento, del que eres maestra. Hemos compartido conversaciones, esa manera tan humana de acercarnos al nosotros en compañía de otros. Conversaciones sobre tu deseo y voluntad de transformar el mundo, a través de los valores que has ido desgranando a medida que te adentrabas en las entrañas de tu trabajo. Sobre cómo crear vínculos, especialmente con aquellas personas que se sienten abandonadas, desarraigadas, en un ostracismo emocional que es una corresponsabilidad social. Sobre esa manera tan genuina con la que proyectas puentes con los que sueñas disolver los prejuicios que creemos que nos protegen, como un encantamiento fallido, de lo que nos hace vulnerables.
Tu experiencia en el Fundació El Xiprer ha sido la constatación de tu vocación y voluntad de acompañar a las personas que en algún tramo de sus itinerarios vitales han sido desalojadas de un contexto favorable.
Has desplegados tus dones y tus conocimientos para lograr que se sintiesen queridas y hacerlas conscientes de su valor, de su dignidad, de sus aportaciones a la comunidad. Fue al compartir un espacio inédito y un tiempo por deletrear, cuando te surgió la necesidad de plantear una red intergeneracional de acompañamiento mutuo. Y es que, como bien sabes, todo adulto guarda un espacio de la memoria donde habita su infancia y los jóvenes son portadores de la semilla de su madurez.
Para ti es indisoluble la práctica profesional de todas tus dimensiones esenciales. Nada humano te es ajeno. Qué fortuna la tuya por esa generosidad extrema, aunque no está exenta de riesgos que has de saber enfrentar y sortear. Recuerda que has de saber dimensionar, modular, administrar -qué palabra- tu energía, tu potencia, tu fuerza, tu determinación en el abordaje de realidades que requieren de otras estrategias más allá de la exposición individual a los Cíclopes que acechan en los oteros. De lo contrario, ya sabes que una de sus consecuencias es adentrarse la noche oscura del alma.
No olvides, bajo ningún concepto, que para cuidar a quienes estén en circunstancias de vulnerabilidad, debes cuidarte y dejar que te cuiden, con la misma determinación y voluntad como la de tu dedicación a los (in)visbles.
Tu epifanía, como dijo nuestro querido Juan, empezó tiempo atrás. Un viaje iniciático, al acompañar a tu abuelo en su último tramo vital, fue una experiencia tan conmovedora que logró que cayesen los velos de tus certezas para abrirte a un destino que ignorabas. Ayer, cómo no, él envolvió tu piel con su piel de algodón. Algunos poetas primigenios cantaban que el algodón era una de las fibras con las que se tejía la memoria del amor.
Continúa explorando el caos, ahora ya sabes cómo hacerlo sin desorientarte demasiado ni bracear en círculos hasta la extenuación. Invoca los aprendizajes realizados y no olvides de cartografiar tus hallazgos y compartirlos. Como bien sabes, cuidar es un destino común que nos humaniza.
Gracias por haberme permitido caminar a tu lado. Ha sido un verdadero honor aprender de tus aprendizajes.
La vida nos espera.

